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Dicen del haiku que confeccionarlo es como tratar de bailar en un centímetro cuadrado.
Quizás sea cierto, pero también es cierto que una vez que se consigue sacar uno, mejor o peor, se mete en la sangre e incluso llega a convertirse en un estilo de vida.
No es de hace poco que este estilo de poesía japonesa me viene interesando y fue mi padre el que me metió el gusanillo al regalarme cierto libro de un tal Losantos.
Por desgracia, este primer contacto con el haiku me confundió, pues el autor no respeta métrica ni normas de la antigua escuela.
Durante un tiempo he estado leyendo a los grandes maestros y clásicos del haiku: Issa, Bansho, Basho, Chiyo-ni, entre otros. Y también aprendí las reglas del haiku: métrica y temática, aunque debo reconocer que si bien la métrica la tengo más o menos controlada, la temática aún me queda mucho por aprender (o por no aprender, según se mire).
El haiku rechaza la metáfora, la subjetividad, el egocentrismo (se supone que el ponombre "yo" no debe aparecer) y todo lo que no sea estrictamente verdadero, así como defiende la sencillez.
Sin embargo, analizando bien todo esto y teniendo ciertos conocimientos de la mentalidad Zen, me pregunto si es posible llevarse a cabo cuando ni siquiera los grandes entendidos en el arte han conseguido mantenerse al margen de estas normas.

De Issa, por ejemplo, encontramos los siguientes versos:

Mientras estamos en este mundo
por encima del infierno
¡poder contemplar las flores!

Pero el infierno es muy subjetivo, puesto que de su existencia no se tiene conocimiento, aunque si nos atenemos a la visión del mundo en guerra desde un puesto privilegiado, podría ser perfectamente lícito. Sin embargo tengamos en cuenta el siguiente:

Si había seres humanos,
había moscas…
y Budas

Y aquí sí nos damos de narices con una idea tan subjetiva como la religión. Incluso si se refiriera a las escultura de Buda, tampoco se ciñería a la realidad, pues las moscas y los humanos existieron antes que cualquier religión o idea del más allá.

Umm, parece sabrosa…
Esta nieve que cae
tan delicadamente…

De nuevo algo tan subjetivo como el que a alguien le pueda parecer sabrosa la nieve mientras que muchos otros no la encontrarían apetecible para nada.

Y del maestro Onitsu tenemos aquí una metáfora:

¡Este frío
hace florecer
palabras de luz!

Con lo cual, ¿qué es lo lícito y lo ilícito a la hora de confeccionar un haiku? Dicen las reglas que el haiku se debe ceñir a la realidad, no al sentimiento que provoca lo que se ve a nuestro alrededor, pero si algo te llama la atención, tanto como para escribir sobre ello tres líneas, evidentemente ya no hay indiferencia, con lo cual entra el juego el sentimiento. Por eso en este blog hay un apartado a sentimientos e incluso a personas.
Muchos puristas serán los que puedan tachar muchos de estos poemas de falsos haikus o de que ni siquiera haiku puede ni debe llamárseles, pero si los grandes entendidos e incluso grandes escritores como Benedetti (y sin querer ni por un momento compararme con ellos) se tomaron la licencia de saltarse ciertas pautas, ¿qué se nos puede reprochar a los principiantes occidentales?

Las añoranzas
son menos añoranzas
cerca del río

               Mario Benedetti